jueves, 29 de enero de 2009

Montecarlo Nights

Diagonal al Parque Central, se encuentra el bar Montecarlo, un after hours como diría un amigo, un tugurio para los puristas, un refugio para los noctámbulos que esperan el amanecer junto a una Imperial.

Se ha vuelto un vicio el ir en las madrugadas, fines de semana o a veces se me cruza un martes o un jueves, y termino con mis huesos sentado en la barra, mirándome en el espejo de los otros, que me miran con la misma fascinación de una animal enjaulado. Nada te prepara para la noche de refugiados, en que simplemente puede no suceder nada, a como de pronto bajan a una muchacha con las muñecas cortadas, mientras el amigo blanco como un papel la carga ensangrentado, y que apenas causa un levantamiento de cejas general. Salen del bar a buscar un taxi a Emergencias, y en la barra todo queda en su sitio. La bartender Maruja me dice:

Qué tonta, cortarse las venas por una mujer, aunque fuera un hombre, igual es una idiotez. Viera cómo dejó el baño de mujeres, rojititico.

En la madrugada van entrando los grupos de gente exiliados de las discotecas y bares tempraneros, con la ilusión de un trago o conseguir un amante para pasar la noche y si te vi no me acuerdo, en el baño jalan coca, pero con precaución, pues te echan si te atrapan, que hasta los antros de perdición tienen sus reglas.

Arriba hay una pista de baile y una barra en forma de ele, hay suficiente espacio para entretenerse viendo a las parejas bailando al son de Julio Jaramillo, hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres y mujeres, sincronizando los pies en una maravillosa maraña que tiene sentido, y luego la salsa, el reguetón, la Trevi con sus tacones altos y la noche de lentejuelas, en los ventanales, se puede ver el parque ocupado por los yonquis y cuando empieza a clarear, se llena de ajetreados oficinistas, enfermeras, amas de casa que se afanan en tomar los buses y te miran de soslayo cuando caminás haciendo eses, hediondo a tabaco y cerveza, pálido y deslumbrado bajo ese sol que viste nacer pero que es implacable con su brillo.

Los compañeros de barra a veces te cuentan cosas tan íntimas, que te da verguenza ajena, cómo se atreven a contar, y luego pasa por la mente que de seguro están tan solos que necesitan hacer la confesión ante un desconocido. Hay gente que llora, otra ríe con carcajadas de oropel, falsa la dentadura y la contentera.

La rockola tira Mariposa de Amor, o Rata Inmunda, o a la Paulina Rubio.

Espejos empañados que reflejan compañía a los solitarios y poder espiar, en sus recovecos plateados, a posibles compañeros de cama sin ser visto. Sórdido lugar, mala fama las 24 horas, Montecarlo el lugar con nombre de puerto caro, y sin mombre es la persona que acompaña a uno al taxi, sin mombre y qué importa.

1 comentario:

  1. En el bar, como en la oficina, todos somos "una gran familia", hasta que alguno se muere o cambia de bar. "Barras de bar, vertederos de amor..." cantaba Manolo Garcia.

    Excelente Charlie... un abrazo. Sigue escribiendo.

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