Fueron 20 años de fidelidad absoluta a la birra, en los cuales me tomé ingentes cantidades de silos de cebada y lúpulo, hasta llegar al dudoso honor de pesar 200 libras y pico. En una foto que me tomaron en mayo del 07, aparece un mae que se parece como a mí pero relleno de espuma de cerveza, un michelín malhumorado que no sabe cómo llegó a tan mal puerto.
Es terrible cuando estás en esa condición enchanchichante, y caminás por la calle y te topás algún conocido que en lugar de decirte: hola, ¿cómo estás?, te espeta un: mae, estás gordísimo, y tu autoestima en jirones, y odiás verte reflejado en los escaparates de las tiendas y la ropa ajustada de moda atenta contra vos, y te estampan XL en la frente, y el solo hecho de ponerte las medias es una odisea. Había que hacer algo.
Me fui donde una nutricionista, una muchacha encantadora que de seguro mientras yo bailaba al ritmo de Donna Summer en Leonardo’s ella estaba apenas naciendo. Le conté mis cuitas sin quitarle la vista a una especie de grumo amarillento que se movía con cualquier acción del escritorio, ella muy diligente me dijo que esa enorme pelota de hule, era equivalente al graserío que tenía en la panza y eso era lo que íbamos a eliminar. Cero cervezas, cero harinas, cero azúcar, cero vida sedentaria, un plan nutricional y 30 minutos de ejercicio diarios. Pero con la lágrima a flor de ojo, yo le dije que me podía quitar la cerveza pero..., pero el alcohol en general, era imposible, no se patea a un animal herido señora y ella resplandeció y me dijo que aunque un trago de whiskie equivalía a una taza de harina (eso fue un golpe bajo), era mejor que me pasara de bando y caminara con Johnie de ahora en adelante.
Los primeros intentos fueron terribles, claro, acostumbrado a echarme los vasos de cerveza a cor cor y las promociones, happy hours, baldes y cuanta cosa hay, pues al principio me tomaba los wiskies de esa manera y terminaba como cucaracha en microondas a la primera hora. Hasta que le fui agarrando el toque, si estaba en una reunión de postín donde sería muy mal visto que, tambaleante, me sacara los mocos con la cortina de terciopelo, los tragos límite eran tres, espaciaditos e intercalándolos con sodas con limón, me funcionó a la perfección y ya no me volvieron a echar de los mejores barrios.
Se fueron las gomas infernales, las borracheras con los horribles blancazos y ya no recibí más llamadas de mis amigos con el terrorífico: ¿te acordás lo que hiciste anoche? Ahora se entiende como los ingleses formaron un imperio, los lores se tomaban unos traguitos relajantes y los nazis no pudieron ni con todas sus bombas quebrantarles el espíritu.
Después de tres meses de comer bien, ejercicio y los nuevos copetines, rebajé casi 15 kilos, mi vida dio una vuelta completa, me miraba al espejo con asombro y los pantalones de hacía 10 años de pronto entraban como guantes y regalaba mi ropa de gordo a diestra y siniestra.
Me acompaña como un lei motiv, el sonidito de los hielos en el vaso corto, con mi nuevo trago, que causa espanto entre los conocedores, porque lo tomo muy diluido, con bastante agua y lo rindo mucho, pero bueno cada cual mata las pulgas a su manera.
Y muy importante, éste no es un publireportaje dedicado a alguna marca de licor, ¡es un testimonio!
sábado, 31 de enero de 2009
Diciembre de 1973
Era diciembre, recién había cumplido los 13 años, qué época más horrible, cuando alguien dice que su adolescencia fue el tiempo más lindo de su vida, lo miro como si fuera un extraterrestre,
¿lo drogaron, le lavaron el cerebro en Guantánamo?
Estaba muy cerca la Navidad y estaba muy disgustado, habían empezado a salir unos desconcertantes pelos en mi bolas, me empujaron a ser un teen sin preguntarme, era demasiado flaco, alto, un poco jorobado, jupón, no tenía pelos en el pecho ¡pero sí en las bolas!, miré hacia el cielo y no hallé respuesta.
Vivía enfuruñado, tratando de minetizarme en los rincones, una tía me puso la etiqueta que estaba en la edad del pedo y que no había nada que hacer, hasta que el cuerpo pueda sacar esa toxina, será un disidente político dentro de su familia, un rebelde sin causa, tres puntos suspensivos, pobre de mí...
Mi mejor amigo, compañero en la escuela y de mi misma edad, vivía a dos casas y siempre me llevaba un paso adelante en todo. Aún recuerdo el vuelco en el hígado cuando me enseñó una coqueta cucharita de plástico blanco, con el logo de Mc Donald's arriba (luego fueron descontinuados porque se usaban para jalar coca), y me rajó que había ido a San José a comer al flamante y recién estrenado restaurante al frente del Banco Central, centro neurálgico de Costa Rica en aquel tiempo, antes de que Escazú y Santa Ana, los muy advenedizos cambiaran las historia. En ese tiempo vivía en Turrialba, un extraño pueblo metido en un valle, con un volcán y a mil millones de kilómetros de cualquier lugar civilizado, bueno al menos era lo que sentía en ese tiempo, el mundo en su indiferencia no me incluía en la historia.
Era demasiado cool mi amigo, hasta sus padres les habían dado un cuarto de la enorme casa en que vivían para él y sus hermanos, lo tenía empapelado con posters que venían en la revista Pelo, mi madre jamás me habría dejado comprar una de esas revistas argentinas, costaba la astronómica suma de 7.50 colones y además venía plagado según ella de melenudos hippies que no se bañaban y fumaban marihuana. Aún me acuerdo la sensación de sentirme tan moderno, tan de mi tiempo cuando raramente me invitaban a entrar a ese cuarto, Jimy Hendrix con colores fosforecentes, Janis Joplin, Jim Morrison, yehhh el rey lagarto, pura carnita mae.
La primera estocada de ese diciembre de 1973, fue que mi amigo me dijo por teléfono que tenían tele a color, ¡a colooor!, se me aflojaron las piernas, me dijo que Archibaldo el de Plaza Sésamo era púrpura y Lucas el come galletas, verde; tuve que juntar toda mi entereza en un solo lugar y contestarle con un frío: ah sí. Miré con odio el enorme tele en blanco y negro de la sala, Pennie Robinson en mini y botitas a go go era perseguida por un moustruo gris, todo era gris, gris, gris.
Pero faltaba lo peor, la sal en la herida, toda la familia de mi amigo fueron a Panamá, y al día siguiente de venir, estaba lo consabida llamada para invitarme a ver todas las cosas que trajeron. La curiosidad mató al gato, pobre ovejita que iba al matadero sin ninguna esperanza, fui, subí las gradas y entré al cuarto de la modernidad extrema y ahí estaba con su hermano mayor que lucía una camisa de mitrocondias hindús, era demasiado, mi amigo me enseñó su nuevo reloj de pulsera tan grande como una lata de betún Nugget, con los números inmensos, una fiesta de turquesa y amarillos, pero no me dio tiempo de morir, no, faltaba más, habían traído un tocadiscos que además tenía incluido una tocacasetera, era el colmo de la tecnología, nunca se podría superar algo así, en ese aparato daba vueltas en 33 revoluciones un disco de Santana, para mí era un chirrido de gatas en celo, pero era el más nuevo, recién había salido al mercado, era el Nirvana y yo no podía acceder a ese paraíso. Ahí me di cuenta que él y su hermano estaban fumando, y me miraron con sorna y me pasaron uno encendido para mí, yo lo tomé temblando y me lo puse en la boca, y se cagaron de risa, jálelo mae, golpéelo mae, así no, ja, ja, ja.
Y fue entonces que me pasaron unas revistas que definitivamente no eran Pelo. Tome, para que se haga hombre, me dijo el hermano mayor, al abrirla habían muchas parejas de hombres y mujeres desnudos, él les metía una enorme cosa a la mujer y ella respondía con los ojos en blanco y con la boca abierta, y, y, tenían pelos en sus partes, muchísimos (eran los años setenta, el pelerío era nice, no cómo ahora), así me iba a quedar mi cosita toda peluda. Cigarrillos y sexo, todo en una misma tarde.
Entré a mi casa mareado de tanta cosa nueva y por el humo de mi primer cigarrillo, y ahí estaba Medea disfrazada de mi madre, venga acá, me dijo, me olió el pelo, ¡usted estaba fumando! y empezó una sermoneada, te vas a morir de cáncer, jamás esperé esto de vos, sos la deshonra de la familia, mis hermanos menores lloraban, mis abuelos me miraban con tanta tristeza y así pasé dos días encerrado en mi cuarto metabolizando que era un delincuente fumador.
Diciembre de 1973, mi blanca inocencia con un hueco de cigarrillo, ya no podía ser el mismo, el niño que pasaba en su cuarto leyendo a los rusos, a Balzac, a Dante y compañía, había desaparecido, no había marcha atrás, una catapulta energúmena me mandaba a la adolescencia y solo me dejé ir, hasta llegar a aquí.
¿lo drogaron, le lavaron el cerebro en Guantánamo?
Estaba muy cerca la Navidad y estaba muy disgustado, habían empezado a salir unos desconcertantes pelos en mi bolas, me empujaron a ser un teen sin preguntarme, era demasiado flaco, alto, un poco jorobado, jupón, no tenía pelos en el pecho ¡pero sí en las bolas!, miré hacia el cielo y no hallé respuesta.
Vivía enfuruñado, tratando de minetizarme en los rincones, una tía me puso la etiqueta que estaba en la edad del pedo y que no había nada que hacer, hasta que el cuerpo pueda sacar esa toxina, será un disidente político dentro de su familia, un rebelde sin causa, tres puntos suspensivos, pobre de mí...
Mi mejor amigo, compañero en la escuela y de mi misma edad, vivía a dos casas y siempre me llevaba un paso adelante en todo. Aún recuerdo el vuelco en el hígado cuando me enseñó una coqueta cucharita de plástico blanco, con el logo de Mc Donald's arriba (luego fueron descontinuados porque se usaban para jalar coca), y me rajó que había ido a San José a comer al flamante y recién estrenado restaurante al frente del Banco Central, centro neurálgico de Costa Rica en aquel tiempo, antes de que Escazú y Santa Ana, los muy advenedizos cambiaran las historia. En ese tiempo vivía en Turrialba, un extraño pueblo metido en un valle, con un volcán y a mil millones de kilómetros de cualquier lugar civilizado, bueno al menos era lo que sentía en ese tiempo, el mundo en su indiferencia no me incluía en la historia.
Era demasiado cool mi amigo, hasta sus padres les habían dado un cuarto de la enorme casa en que vivían para él y sus hermanos, lo tenía empapelado con posters que venían en la revista Pelo, mi madre jamás me habría dejado comprar una de esas revistas argentinas, costaba la astronómica suma de 7.50 colones y además venía plagado según ella de melenudos hippies que no se bañaban y fumaban marihuana. Aún me acuerdo la sensación de sentirme tan moderno, tan de mi tiempo cuando raramente me invitaban a entrar a ese cuarto, Jimy Hendrix con colores fosforecentes, Janis Joplin, Jim Morrison, yehhh el rey lagarto, pura carnita mae.
La primera estocada de ese diciembre de 1973, fue que mi amigo me dijo por teléfono que tenían tele a color, ¡a colooor!, se me aflojaron las piernas, me dijo que Archibaldo el de Plaza Sésamo era púrpura y Lucas el come galletas, verde; tuve que juntar toda mi entereza en un solo lugar y contestarle con un frío: ah sí. Miré con odio el enorme tele en blanco y negro de la sala, Pennie Robinson en mini y botitas a go go era perseguida por un moustruo gris, todo era gris, gris, gris.
Pero faltaba lo peor, la sal en la herida, toda la familia de mi amigo fueron a Panamá, y al día siguiente de venir, estaba lo consabida llamada para invitarme a ver todas las cosas que trajeron. La curiosidad mató al gato, pobre ovejita que iba al matadero sin ninguna esperanza, fui, subí las gradas y entré al cuarto de la modernidad extrema y ahí estaba con su hermano mayor que lucía una camisa de mitrocondias hindús, era demasiado, mi amigo me enseñó su nuevo reloj de pulsera tan grande como una lata de betún Nugget, con los números inmensos, una fiesta de turquesa y amarillos, pero no me dio tiempo de morir, no, faltaba más, habían traído un tocadiscos que además tenía incluido una tocacasetera, era el colmo de la tecnología, nunca se podría superar algo así, en ese aparato daba vueltas en 33 revoluciones un disco de Santana, para mí era un chirrido de gatas en celo, pero era el más nuevo, recién había salido al mercado, era el Nirvana y yo no podía acceder a ese paraíso. Ahí me di cuenta que él y su hermano estaban fumando, y me miraron con sorna y me pasaron uno encendido para mí, yo lo tomé temblando y me lo puse en la boca, y se cagaron de risa, jálelo mae, golpéelo mae, así no, ja, ja, ja.
Y fue entonces que me pasaron unas revistas que definitivamente no eran Pelo. Tome, para que se haga hombre, me dijo el hermano mayor, al abrirla habían muchas parejas de hombres y mujeres desnudos, él les metía una enorme cosa a la mujer y ella respondía con los ojos en blanco y con la boca abierta, y, y, tenían pelos en sus partes, muchísimos (eran los años setenta, el pelerío era nice, no cómo ahora), así me iba a quedar mi cosita toda peluda. Cigarrillos y sexo, todo en una misma tarde.
Entré a mi casa mareado de tanta cosa nueva y por el humo de mi primer cigarrillo, y ahí estaba Medea disfrazada de mi madre, venga acá, me dijo, me olió el pelo, ¡usted estaba fumando! y empezó una sermoneada, te vas a morir de cáncer, jamás esperé esto de vos, sos la deshonra de la familia, mis hermanos menores lloraban, mis abuelos me miraban con tanta tristeza y así pasé dos días encerrado en mi cuarto metabolizando que era un delincuente fumador.
Diciembre de 1973, mi blanca inocencia con un hueco de cigarrillo, ya no podía ser el mismo, el niño que pasaba en su cuarto leyendo a los rusos, a Balzac, a Dante y compañía, había desaparecido, no había marcha atrás, una catapulta energúmena me mandaba a la adolescencia y solo me dejé ir, hasta llegar a aquí.
viernes, 30 de enero de 2009
Dejame hablar
Dejame hablar, por favor. Sí, ya sé que hace añales que no nos hablamos, pero es que vos no sabés por las que he pasado yo: un calvario... Dejame hablar, que si no me eschingo y salgo a la calle agarrándome del pelo hasta caer muerta... ¿Qué no estás enterada de nada?, mirá mujer, amarráte el cinturón como decían en la película, porque esta es buena.... Vos te acordás de Manuel, aquel, como no te vas a acordar, sí, sí.., bueno no era muy guapo que digamos, de cara digo, pero era de esos hombres que la ropa no les va, ay chiquita porque desnudo era una divinidad griega, una cosa.., pero bueno, no voy a hablar bien de ese hijueputa, si lo que quiero es descubrirlo ante vos en toda su barbarie. Ah sí, mujer, así como lo oís, me hizo torerías que no te podés imaginar, yo jamás creí que una mujer podía caer tan bajo. Imagínate que no te voy a contar ni la mitad de lo que me hizo por miedo de que me perdás el respeto, no, no, apenas una pincelada, un matiz de lo que ese Cro Magnon causó estragos en mi vida... ¿Perdón?, bueno terminamos hace una semana, ¿se te hace poquito?, y yo fui quien lo quebró, que quede claro, ah sí, ya estaba harta del maltrato mental, del abuso, de su ingratitud.., vos sabés como soy yo, desinteresada, tan entregada a las relaciones, pero acaso creés que ese cabrón me agradeció algún regalo de los que les di, todos y cada uno cosas buenas, vos sabés como soy yo, nunca regalo cochinadas. Ay pero qué tonta fui, corriendo como enajenada en esa locura de San José buscando el reloj para bucear que tanto quería, si hasta me quiero patear a mí misma por lo tonta que fui... ¡200 mil colones!, por ahí tengo la factura timbrada, así como lo oís..., y no lo digo por rajar, vos me conocés, sabés lo desinteresada que soy, que hasta me paso de buena, como siempre: de bruta... Claro, cuando se lo di y se lo puso, brincaba de la alegría, como no el muy..., ya me está dando cólera de solo acordarme. Ahí sí que era buena, su mujercita y que tacatí y que tacatá, pero mirá en esos días.., como hago para no acordarme, pero es que no puedo, por Dios Santo, por qué me mandaste esta penitencia. ¿En qué iba?, ah sí, en esos días justamente me enfermé de una quiebra huesos terrible, mujer, de casi morirse, estuve fatal y yo sola en mi departamento, íngrima, hirviendo en temperatura, oílo bien, acaso le nació a ese animal venirme a ver, que un juguito, que si se te ofrece algo de la farmacia, noo, con costos un par de llamadas, como quitándose el barniz del sentimiento de culpa, para al final largarse con sus amigotes a ver los partidos de la Sele a las cantinas... Ay no mujer, que las he pasado verdes con ese carajo...¿Aló, te oí bien?, pero cómo me podés preguntar eso a mí, yo, tener culpa de algo, como si no me conocieras, apenas empiezo a contarte. Ah, ya me acordé, esta es buenísima, como cuando se quebró el brazo haciendo esas piruetas con los mecates en un despeñadero, quién fue la que estuvo todo el tiempo a su lado, quien fue la que se tiró de su escritorio a riesgo de perder el trabajo, diay sí la tonta de moa, quién iba a ser, yo, la buenaza.., ahí sí que estaba feliz, tuvo cocinera, enfermera, asistenta de sus miserables asuntos, si hasta iba a hacerle esas kilométricas filas para cambiarle los cheques al banco, porque además yo literalmente me pasé a vivir a esa covacha, porque ese es otro asunto, cochino no hay, desordenado que ni por señas, ni te cuento las cosas que me encontraba cuando barría porque de seguro acabás de almorzar, la suciedad en el baño, debajo de su cama, solo yo, solo yo en mi idiotez le dejaba esa casa como un ajito, nítida... ¿Por qué una es así, ah?, decíme vos, porque yo levanto los ojos al cielo y no encuentro respuesta. Cuánto daría yo por ser de ésas que se acuestan con un tipo por noche y a la mañana chao, chao, si te vi no me acuerdo, pero yo no, me involucro, doy lo mejor de mí, dejo los pedazos de carne en el alambre por una relación y mirá como me va, como un quebrado me va. Si yo las veo en la calle, a las desvergonzadas esas, son esas las que les dan palo, ahí si que están como perritos a sus faldas, así es como les gusta, que sean bien putas y malas, que les pongan cuernos, que los chuleén, que les roben. Porque una sí que hace las cosas como Dios manda, de las que ponen el corazón en el asador, a ésas, como nosotras, sí que les va mal, pero se acabó esa vocación de esclava, de geisha tarada, encerrada en cuatro paredes esperando a que venga el macho cuando le de la gana: comió y jaló, ah no, así no más, yo ya soy otra, y no te sorprendás si un día me ves en la barra de una bar, bien sentada en un banco con botas hasta la rodilla, minifalda de cuero, medias caladas y el pirucho bien enlacado, un día de estos lo hago te lo juro, ya me cansé de ser la buena de la película, la tonta que todo el mundo vacila... Sí, sí, sí, ya sé que vas a decir, que una recibió una buena educación, cultura, no, no, jamás podré ser una de ellas y me alegro sabés, porque tengo la conciencia muy limpia, ¡ando por todos lados con la conciencia bien limpia! Oí esto mujer, si yo llegué al extremo de esperarlo sentada hasta entrada la madrugada mientras llegaba borracho de sus fiestas, y no me llevaba a mí, ahí sí que no, la bruta en la casa y él en la calle con sus amigas que mejor ni te cuento y sus amigotes que nunca les caí bien. Imagínate que llegó a tal descaro de decirme que no me llevaba a sus fiestas porque hacía caritas, pero como no las iba a hacer, con esa gentuza de amigos que tenía, con esas mujerzuelas con boca de excusado que tomaban alcohol como cosacos, mirá, dejame hablar, es que yo tuve la mala suerte de que mis padres me pusieran en un buen colegio privado, bi-lin-gue, oílo bien, nada de esas cosas públicas que es de seguro que salieron esas alimañas... Ay no, no seás tontita, claro que de los colegios públicos también salen gente educada como vos, no estaba generalizando, si te ofendí perdóname, si, si mi amor... Pues imagínate que me tenía que soplar a veces 6 o 7 horas con esa gente a la par, entre vulgaridades y cuentos del pasado en que no figuraba yo, y hasta a veces, no me vas a creer esto, hablaban con nostalgia de alguna zorra que fue novia de él y la ensalzaban en mi propia cara, y yo pobre de mí, disimulaba, pero por dentro estaba furiosa, y mirá en todo ese tiempo él ni me alzaba a ver, yo era un cero a la izquierda, toda su devoción para sus amigotes de mierda, todas las atenciones y yo ahí sentada en el medio del tumulto con una vergüenza ajena, porque te imaginarás que de las mesas de la par, la gente decente se horrorizaba de las barbaridades que se decían, ay no mujer, vos no sabés por las que yo he pasado con este hombre. Claro que al final las amigas entre comillas de él no me querían ni ver el pelo y yo las oía cuchicheando acerca de mí y criticando mi ropa, que vos sabés muy bien que de Benetton no baja y de seguro les daba como envidia mi buen gusto para vestir y que no tengo necesidad de andar con el culo pelado ni con las tetas afuera para que los hombres me volteen a ver, eso se llama glamour, las cuales ellas, en sus tugurios nunca aprendieron mi amor. Y ni que decirte de sus amigos hombres, imagínate que pillé a uno de ellos llamándome: la frígida, ¡a mí!, ¡a mí!, yo que soy una mujer de mi tiempo, y no una santulona, ni una anticuada, claro que tampoco soy de las que se cuelgan en las lámparas para complacer a los babosos pervertidos que andan por ahí, soy una mujer normal con sus apetitos sanos y muy normales, ni muy muy ni tan tan, decente, muy en su lugar. Claro también como ninguno de ellos pudo ponerme una zarpa encima, porque de seguro creían que yo era como las otras que había tenido Manuel, que se la pasaban de uno a otro, y después, porque así son los hombres, se contarían entre ellos hasta de qué color tendría el chunche de ahí abajo, perdoná si me pongo un poco malcriadilla, pero es que no había podido hablar con nadie de mi tragedia y a veces pierdo el control. Porque si he de serte sincera de ésta no me repongo, estoy cansada de dar y dar y no recibir nada a cambio... ¡Ah, y no has oído lo peor!, el muy desgraciado en uno de los interminables pleitos que me manda al sicólogo, ni le quito ni le agrego, así como lo oís, qué descaro por Dios, que yo era la loca obsesiva y dominante, él, que estaba como cabra en repollal, que cuando empezaba a beber sus birritas no podía parar hasta beberse el agua de los floreros y me manda a mí al loquero, y mal le va si me decido a ir a uno, porque de seguro el loquero saca un libro sobre el abuso en que viví en estos casi 9 meses, se hace millonario... Mirá vos, ahora que lo pienso, ay qué gozada, que me viera Manuel en tele, así toda linda, que me estuvieran entrevistando acerca del libro que yo inspiré y le cuente a estos cuatro millones de ticos y al millón de nicaragüenses que viven en esta bendita Costa Rica del patán que es él, ¡la verdad!, que se enteraran todos, a ver si le seguirían riendo las gracias los amiguitos. Ay no mujer, dejame hablar porque estoy devastada, vieras que si no termino esta relación enfermiza a tiempo quién sabe hasta dónde habría llegado, te lo advierto sin exagerar, pudimos haber sido portada de la Extra... Y si me preguntás si lo extraño, ¡ja!, ni a él, ni a su manicillo..., ay que bruta..., ya qué, ya conté, pero bueno vos sos como una tumba, es que ni eso, ya sé que te había dicho que tenía muy buen cuerpo, pero tenía un cosillo, que la verdad yo me hacía de la vista gorda porque lo quería montones, hasta en eso tonta, jate vos... ¿Perdón?, ah sí claro, también los orgasmos fingidos, las felicidades fingidas y la estabilidad fingida. Yo lo quise horrores, de nada sirve negarlo, pero él se encargó con todas sus acciones a que se me lavara la voluntad, y quedé exhausta en medio de todo... ¿Perdón...?, yo que sé, por ahí aparecerá otra tonta, ésas que nunca faltan, y se lo regalo, allá ella, ¿cómo qué cuál?, diay ésa, la nueva, ya me llegó el chisme de que anda con una atorrante, la verdad me da mucha lástima vos sabés, si supiera cual es su nueva víctima, sería capaz de llamarla y advertirle..., dejáme hablar..., ¿perdón?, pero si yo..., jamás mujer..., acaso sos vos..., no entiendo..., dejame hablar..., antes muerta que acusarte de..., ¿perdón?, ¡él está ahí con vos!, ¿pero qué está haciendo en tu casa?, ¡grandísima pedazo de zorra!, roba novios, descarada, dejame hablar, dejame hablar.... Ahh, ya entiendo, así que me dejaste hablar para ponerme yo sola la soga en el pescuezo, pues no te va a funcionar, ¿me oís?, porque quién como yo le hacía el desayuno en las mañanas, quién como yo le planchaba las camisas con Niágara, y quién como yo se tendía de felpudo para sus bellos pies, el volverá, ¿me oís?, el volverá conmigo, dejame hablar, ¡dejame hablar!
(Libro de cuentos, Cuentos Rosa Perversos)
(Libro de cuentos, Cuentos Rosa Perversos)
La sin nombre
Vino a escupirme la vida que tiene y que le sobra, hasta tuvo la desfachatez de decirme que la muerte es algo natural y que todos debemos pasar por ella, no lo soporto, él que vive con el feliz fantasma de no saber cuando y que eso justamente le da una dosis de miserable inmortalidad. He decidido decirle a Ana que no recibiré más visitas, ella lo ha comprendido sin preguntarme nada, solo ha asentido con la cabeza, me ama y me da el consuelo de dejarme solo en este cuarto, que va a ser mi cabo Cañaveral hacia lo desconocido, hacia la nada.
Ya no hay esperanza y creo que lo agradezco, ya no hay nada que pueda salvarme y los minutos que transcurren me llevan hacia ahí suavemente.
Desde ahora soy solo yo, ni Ana ni mis dos hijas, ni mis parientes, siquiera mis padres los que me van acompañar a este viaje, estoy aterrorizado, pero con la certeza que tenés cuando algo es inevitable, las cosas mismas de la vida, comer para vivir, sexo para reproducirse, respirar para hablar, cagar para dar paso a los nuevos desperdicios, es cierto voy a morir en estos días, es natural, miles de millones de personas como yo ya pasaron por esto antes, pero mi caso es único y especial, porque soy yo, yo, yo, yo, quién lo ha de experimentar por única y primera vez, un documento original del cual no quedará huella.
¿Dónde estaré después?, ¿dónde estaré?
Tengo una extraña sensación, como si todos los vivos jugaran una ronda divertida, triste y cotidiana y que de pronto han decidido sacarme del juego y yo haciendo pucheros les pido que me dejen seguir jugando y no les da la gana meterme de nuevo. Y me hago un ovillo de amargura, y pienso, todos ustedes tendrán su momento y yo ya estaré excento del miedo.
El teléfono suena y oigo a Ana contestar, habla bajito, como es la rutina en esta casa desde que se sabe que soy un enfermo terminal, las niñas juegan en susurros y hasta el ruido de la calle me llega detrás de espesos cortinajes, tengo que admitirlo: no he muerto todavía, pero, ya no pertenezco al mundo. Ana se disculpa con todos mis amigos, los que desean venir a verme, yo sé que me quieren y sienten dolor porque ya no los alegraré con mis ocurrencias y mi ahora impráctico amor a la vida, ellos vendrán con algún regalo, con olor a calle, a comida, a sudor limpio, y no podrán evitar en su mirada el morbo que les causa y la insufrible ventaja que está escrita en sus frentes: vos vas a morir, y yo no. No es culpa de ellos, pero simplemente me causa náuseas verlos y me entorpecen el proceso que te da la naturaleza, su única dádiva: la agonía, para prepararte al cese de funciones, a la catapulta que te lanza a la tierra y te disuelve en minerales y agua, con la misma efectividad del tiempo. Ana les dice que estoy muy cansado que aquí y que allá. Mi compañera de casi 15 años, que a veces llora bajito detrás de la puerta antes de entrar, para aparecer con una sonrisa valiente, y los dos actuamos que estamos tranquilos y le ponemos rutina a este hecho extraordinario que nada tiene de extraordinario. Me habla de nuestras hijas, sus travesuras, del microondas que de nuevo falla, de que las cosas están en orden, que nada faltará, pues los dos fuimos precavidos, del seguro de vida, los ahorros, el préstamo de la casa (que ya fue cancelado), la universidad de las niñas, todos estos temas mezclados sin orden ni concierto, para que no darle importancia a ninguno en especial, yo parto y ella se queda, antes me dolía demasiado dejarla sola, ahora, no me importa, yo merezco el egoísmo de mi propia muerte. Lo siento Ana, ahora vas por tu cuenta..
Desperté empapado en sudor, soñé el mismo sueño de casi todas las noches, o pesadilla, no, era un sueño y en él moría, me despierto sofocándome, porque hasta ahí llega mi conocimiento, ni siquiera el instinto que es una herramienta tan útil para la vida, esta vez, no me tiene ninguna reacción sabia, muero y no puedo siquiera soñar que sigue, si tuviera la total certeza de la no existencia, un fin definitivo, qué alivio sería, pero la maraña confusa de tantos años de religión, de un Dios bueno que más se parece a un Santa Claus perverso, ésta sucesión de infierno, paraíso o purgatorio, de que seguiré siendo yo mismo después de la muerte, pero juzgado, y que sentiré dolor del fuego, arrepentimiento, culpa, horror, miedo, o un premio que ni siquiera sé si me va a gustar: ser bueno por toda la eternidad, me da risa, porque la sola idea me aburre mortalmente. Usé la palabra mortalmente, la usé.
Paso las tardes revisando mi cuerpo, he enflaquecido hasta casi los huesos, estoy medicado para soportar el dolor, pero no quiero sentirme atontado y resisto lo más que puedo. Me reviso mis manos, las veo, las estudio con tanto esmero que se separan de mí, las huelo, me tocan la cara, siento su tibieza, están, y luego no estarán, las junto y hago que se apreten fuertemente hasta hacerme daño, entre ellas estoy yo pero no pueden ocultarme, no pueden defenderme.
Y mis recuerdos, lo que solo sé yo, tanta experiencia, el estudio, lo que aprendí en el transcurso de estos cuarenta años, se van a desmoronar... Ya basta, estoy obsesionado en hacer un templo de mí mismo, un ídolo, como si esto me fuera a salvar en el último momento, de niño pensaba que morir dolía, o era una sensación de asfixia, lo voy a saber y luego no tendré un ser para recordarlo.
He llorado tanto, noches enteras, en esta cama sola en la que Ana no está, porque se siente intrusa, y es una intrusa. Lloré, hasta detenerme definitivamente, porque me di cuenta que lloraba por mí, qué absurdo, siento pena por mi cuerpo, que lavé y alimenté con tanto cariño, este cuerpo que me condujo a Europa, a tantos lugares, tan generoso con las sensaciones y los placeres, ya no lo voy a tener, y siento que lo voy a extrañar y a mí mismo, cómo me voy a hacer falta, yo tan querido, tan amigo, tan confidente, yo no estaré para consolarme y meterme en esta cama que es mi todo ahora.
Bip, bip, bip, bip..., biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip, así se ve y se oye en las máquinas cuando alguien deja de existir..., no más, no más, voy a dejar de escribir, lo que viene a continuación es tan íntimo, tan mío que es una vulgaridad que solo se vea la larga línea de tinta en la hoja, y en mi mano la pluma fuente, no más, hasta luego, señores y señoras, el telón se cierra y en este escenario solo yo voy a estar, nadie más,
me encantó estar aquí,
me sacan a la fuerza,
hasta luego ocupantes de esta rara sala de espera, hasta luego, porque dejo de escribir y los dejo solos con la incertidumbre y mi única victoria.
(Libro de cuentos, Cuentos Rosa Perversos)
Ya no hay esperanza y creo que lo agradezco, ya no hay nada que pueda salvarme y los minutos que transcurren me llevan hacia ahí suavemente.
Desde ahora soy solo yo, ni Ana ni mis dos hijas, ni mis parientes, siquiera mis padres los que me van acompañar a este viaje, estoy aterrorizado, pero con la certeza que tenés cuando algo es inevitable, las cosas mismas de la vida, comer para vivir, sexo para reproducirse, respirar para hablar, cagar para dar paso a los nuevos desperdicios, es cierto voy a morir en estos días, es natural, miles de millones de personas como yo ya pasaron por esto antes, pero mi caso es único y especial, porque soy yo, yo, yo, yo, quién lo ha de experimentar por única y primera vez, un documento original del cual no quedará huella.
¿Dónde estaré después?, ¿dónde estaré?
Tengo una extraña sensación, como si todos los vivos jugaran una ronda divertida, triste y cotidiana y que de pronto han decidido sacarme del juego y yo haciendo pucheros les pido que me dejen seguir jugando y no les da la gana meterme de nuevo. Y me hago un ovillo de amargura, y pienso, todos ustedes tendrán su momento y yo ya estaré excento del miedo.
El teléfono suena y oigo a Ana contestar, habla bajito, como es la rutina en esta casa desde que se sabe que soy un enfermo terminal, las niñas juegan en susurros y hasta el ruido de la calle me llega detrás de espesos cortinajes, tengo que admitirlo: no he muerto todavía, pero, ya no pertenezco al mundo. Ana se disculpa con todos mis amigos, los que desean venir a verme, yo sé que me quieren y sienten dolor porque ya no los alegraré con mis ocurrencias y mi ahora impráctico amor a la vida, ellos vendrán con algún regalo, con olor a calle, a comida, a sudor limpio, y no podrán evitar en su mirada el morbo que les causa y la insufrible ventaja que está escrita en sus frentes: vos vas a morir, y yo no. No es culpa de ellos, pero simplemente me causa náuseas verlos y me entorpecen el proceso que te da la naturaleza, su única dádiva: la agonía, para prepararte al cese de funciones, a la catapulta que te lanza a la tierra y te disuelve en minerales y agua, con la misma efectividad del tiempo. Ana les dice que estoy muy cansado que aquí y que allá. Mi compañera de casi 15 años, que a veces llora bajito detrás de la puerta antes de entrar, para aparecer con una sonrisa valiente, y los dos actuamos que estamos tranquilos y le ponemos rutina a este hecho extraordinario que nada tiene de extraordinario. Me habla de nuestras hijas, sus travesuras, del microondas que de nuevo falla, de que las cosas están en orden, que nada faltará, pues los dos fuimos precavidos, del seguro de vida, los ahorros, el préstamo de la casa (que ya fue cancelado), la universidad de las niñas, todos estos temas mezclados sin orden ni concierto, para que no darle importancia a ninguno en especial, yo parto y ella se queda, antes me dolía demasiado dejarla sola, ahora, no me importa, yo merezco el egoísmo de mi propia muerte. Lo siento Ana, ahora vas por tu cuenta..
Desperté empapado en sudor, soñé el mismo sueño de casi todas las noches, o pesadilla, no, era un sueño y en él moría, me despierto sofocándome, porque hasta ahí llega mi conocimiento, ni siquiera el instinto que es una herramienta tan útil para la vida, esta vez, no me tiene ninguna reacción sabia, muero y no puedo siquiera soñar que sigue, si tuviera la total certeza de la no existencia, un fin definitivo, qué alivio sería, pero la maraña confusa de tantos años de religión, de un Dios bueno que más se parece a un Santa Claus perverso, ésta sucesión de infierno, paraíso o purgatorio, de que seguiré siendo yo mismo después de la muerte, pero juzgado, y que sentiré dolor del fuego, arrepentimiento, culpa, horror, miedo, o un premio que ni siquiera sé si me va a gustar: ser bueno por toda la eternidad, me da risa, porque la sola idea me aburre mortalmente. Usé la palabra mortalmente, la usé.
Paso las tardes revisando mi cuerpo, he enflaquecido hasta casi los huesos, estoy medicado para soportar el dolor, pero no quiero sentirme atontado y resisto lo más que puedo. Me reviso mis manos, las veo, las estudio con tanto esmero que se separan de mí, las huelo, me tocan la cara, siento su tibieza, están, y luego no estarán, las junto y hago que se apreten fuertemente hasta hacerme daño, entre ellas estoy yo pero no pueden ocultarme, no pueden defenderme.
Y mis recuerdos, lo que solo sé yo, tanta experiencia, el estudio, lo que aprendí en el transcurso de estos cuarenta años, se van a desmoronar... Ya basta, estoy obsesionado en hacer un templo de mí mismo, un ídolo, como si esto me fuera a salvar en el último momento, de niño pensaba que morir dolía, o era una sensación de asfixia, lo voy a saber y luego no tendré un ser para recordarlo.
He llorado tanto, noches enteras, en esta cama sola en la que Ana no está, porque se siente intrusa, y es una intrusa. Lloré, hasta detenerme definitivamente, porque me di cuenta que lloraba por mí, qué absurdo, siento pena por mi cuerpo, que lavé y alimenté con tanto cariño, este cuerpo que me condujo a Europa, a tantos lugares, tan generoso con las sensaciones y los placeres, ya no lo voy a tener, y siento que lo voy a extrañar y a mí mismo, cómo me voy a hacer falta, yo tan querido, tan amigo, tan confidente, yo no estaré para consolarme y meterme en esta cama que es mi todo ahora.
Bip, bip, bip, bip..., biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip, así se ve y se oye en las máquinas cuando alguien deja de existir..., no más, no más, voy a dejar de escribir, lo que viene a continuación es tan íntimo, tan mío que es una vulgaridad que solo se vea la larga línea de tinta en la hoja, y en mi mano la pluma fuente, no más, hasta luego, señores y señoras, el telón se cierra y en este escenario solo yo voy a estar, nadie más,
me encantó estar aquí,
me sacan a la fuerza,
hasta luego ocupantes de esta rara sala de espera, hasta luego, porque dejo de escribir y los dejo solos con la incertidumbre y mi única victoria.
(Libro de cuentos, Cuentos Rosa Perversos)
jueves, 29 de enero de 2009
El tan mentado cable
En unos de esos insomnios que me dan, recurro a la tele, la cagada de despertarte a las 4 de la mañana y ya no poderse dormir más.
Y en los canales hay reportajes de aspiradoras y cómo han cambiado la vida de innumerables y robustos gringos; el corsé que afina la cintura y el brassier que te deja las tetas como de repisa para la barbilla; una sartén maravillosa que asa pollos enteros, con sus verduritas. Algo más debe de haber en el Cinemax, ajá, un docudrama, y lo de drama no es que sea acerca de gais el tema, me lo echo desde la mitad, y sí, está interesante, salto a HBO y hay una peli del mayo francés en 1968, dos hermanos mellizos: ella y él guapisisímos, franceses y el otro chavalo un gringuito, se hacen inseparables, mientras París arde en las barricadas y los cocteles Molotov, la termino. Al 21 el CNN en español, y de pronto una voz con fuerte acento español:
Puesh que en este momento, she quema un hoshpital en San José de Costa Rica, aún no hay un número exacto de víctimas...
Paso al 6, muy nacional y están dando las tomas del hospital en llamas, un paciente con solo el pantalón de la piyama, descalzo, trata de bajar por una cuerda hecha de sábanas verde hospital, empiezo a darme cuenta del infierno de sirenas que se oyen desde afuera, y el drama intenso que están viviendo muchas personas en ese momento. Eso está sucediendo a escazas diez cuadras de mi apartamento y me tengo que enterar por una canal español, retramistido en Atlanta para el CNN, no me doy cuenta en el momento de lo aislado que estoy debido al insomnio y a la tonta sensación que al estar encerrado en mi depa estoy a salvo de las cosas malas que suceden en el mundo. Un romano feliz en el circo viendo morir a los gladiadores o cristianos, y que tiene el morbo de que nada le sucederá a él porque se ha salvado, inmortalizado por la desgracia ajena: un tonto feliz.
El zapping me dispara a un canal cristiano que me crispa casi desde el primer momento, todos vamos a ser parte de la leña en que arderemos en el infierno, homosexuales, impíos, prostitutas, ladrones, mentirosos y estafadores, todos en las misma pira por la eternidad. Hay una mujer en un escenario con la Biblia en su mano y un micrófono inlahámbrico, tiene todas las respuestas, es ocurrente y hace reir a su auditorio, obreros y oficinistas que quieren salvarse y no morir jamás. Oran con las manos en alto, lloran, cantan, ella los golpea en la frente y caen cuan largos son al suelo, han recibido el toque divino y el cáncer, o la infidelidad del cónyugue, el hijo en drogas, la hipoteca de la casa, todo se resuelve por la gracia de Dios, cómo quisiera creer, pero apreto un botón y me aleja años luz de la salvación.
En E los artistas cruzan como exhalaciones la alfombra roja y le dicen al comentarista que sus vestidos son de Galliano, Oscar de la Renta, Armani, Chanel. Están felices, la gente los adora, quieren ser como ellos, bellos, despreocupados, ricos y envidiados. Flashes por doquier, gente linda, asistentes, fotógrafos, limusinas y mucho poder.
Caigo al National Geographic y es una canal del apopcalypsis, el clima maleado por nosotros, los desastres naturales, los aviones se caen con cientos de personas dentro, los animales se extinguen a paletadas y los glaciares se derriten junto con los casquetes polares, no hay donde ir, burning down the house.
He dado varias vueltas, películas de los años treinta, la Garbo muriéndose de tisis; películas actuales, Bridget Jones feliz de ser amada por la manera que es; bombas; vampiros descuartizando gente; una pata de cerdo en el Food Chanel, jugosa y tierna; un hombre atendido en Emergencias, todo real, disparo en el pecho, por más que se esfuerzan muere en la mesa, está desnudo y lleno de tubos, hora de la muerte... Una casa de 2 millones de dólares y los nuevos ocupantes no tienen idea de cómo decorarla y los expertos de HGTV les dan los consejos salvadores, otra vez salvación, pero solo para ellos.
Infinito, la vida new age, como escrito el libreto por Paulo Cohelo, cristales de cuarzo y chacras abiertas ante el universo.
A las 6 de la mañana el extractor de la panadería del Automercado zumba puntual y así seguirá hasta las 6 de la tarde, y no sé por qué siempre me tranquiliza, apago la tele, las luces, me vuelvo a meter entre las sábanas con mis gatas, y voy poco a poco entonándome, hasta que me doy cuenta que soñé algo, o sea, me dormí al menos 5 minutos y ya el cerebro no puede engañarme, he vencido el insomnio, no sueño que estoy depierto, ahora sueño que estoy dormido.
Y en los canales hay reportajes de aspiradoras y cómo han cambiado la vida de innumerables y robustos gringos; el corsé que afina la cintura y el brassier que te deja las tetas como de repisa para la barbilla; una sartén maravillosa que asa pollos enteros, con sus verduritas. Algo más debe de haber en el Cinemax, ajá, un docudrama, y lo de drama no es que sea acerca de gais el tema, me lo echo desde la mitad, y sí, está interesante, salto a HBO y hay una peli del mayo francés en 1968, dos hermanos mellizos: ella y él guapisisímos, franceses y el otro chavalo un gringuito, se hacen inseparables, mientras París arde en las barricadas y los cocteles Molotov, la termino. Al 21 el CNN en español, y de pronto una voz con fuerte acento español:
Puesh que en este momento, she quema un hoshpital en San José de Costa Rica, aún no hay un número exacto de víctimas...
Paso al 6, muy nacional y están dando las tomas del hospital en llamas, un paciente con solo el pantalón de la piyama, descalzo, trata de bajar por una cuerda hecha de sábanas verde hospital, empiezo a darme cuenta del infierno de sirenas que se oyen desde afuera, y el drama intenso que están viviendo muchas personas en ese momento. Eso está sucediendo a escazas diez cuadras de mi apartamento y me tengo que enterar por una canal español, retramistido en Atlanta para el CNN, no me doy cuenta en el momento de lo aislado que estoy debido al insomnio y a la tonta sensación que al estar encerrado en mi depa estoy a salvo de las cosas malas que suceden en el mundo. Un romano feliz en el circo viendo morir a los gladiadores o cristianos, y que tiene el morbo de que nada le sucederá a él porque se ha salvado, inmortalizado por la desgracia ajena: un tonto feliz.
El zapping me dispara a un canal cristiano que me crispa casi desde el primer momento, todos vamos a ser parte de la leña en que arderemos en el infierno, homosexuales, impíos, prostitutas, ladrones, mentirosos y estafadores, todos en las misma pira por la eternidad. Hay una mujer en un escenario con la Biblia en su mano y un micrófono inlahámbrico, tiene todas las respuestas, es ocurrente y hace reir a su auditorio, obreros y oficinistas que quieren salvarse y no morir jamás. Oran con las manos en alto, lloran, cantan, ella los golpea en la frente y caen cuan largos son al suelo, han recibido el toque divino y el cáncer, o la infidelidad del cónyugue, el hijo en drogas, la hipoteca de la casa, todo se resuelve por la gracia de Dios, cómo quisiera creer, pero apreto un botón y me aleja años luz de la salvación.
En E los artistas cruzan como exhalaciones la alfombra roja y le dicen al comentarista que sus vestidos son de Galliano, Oscar de la Renta, Armani, Chanel. Están felices, la gente los adora, quieren ser como ellos, bellos, despreocupados, ricos y envidiados. Flashes por doquier, gente linda, asistentes, fotógrafos, limusinas y mucho poder.
Caigo al National Geographic y es una canal del apopcalypsis, el clima maleado por nosotros, los desastres naturales, los aviones se caen con cientos de personas dentro, los animales se extinguen a paletadas y los glaciares se derriten junto con los casquetes polares, no hay donde ir, burning down the house.
He dado varias vueltas, películas de los años treinta, la Garbo muriéndose de tisis; películas actuales, Bridget Jones feliz de ser amada por la manera que es; bombas; vampiros descuartizando gente; una pata de cerdo en el Food Chanel, jugosa y tierna; un hombre atendido en Emergencias, todo real, disparo en el pecho, por más que se esfuerzan muere en la mesa, está desnudo y lleno de tubos, hora de la muerte... Una casa de 2 millones de dólares y los nuevos ocupantes no tienen idea de cómo decorarla y los expertos de HGTV les dan los consejos salvadores, otra vez salvación, pero solo para ellos.
Infinito, la vida new age, como escrito el libreto por Paulo Cohelo, cristales de cuarzo y chacras abiertas ante el universo.
A las 6 de la mañana el extractor de la panadería del Automercado zumba puntual y así seguirá hasta las 6 de la tarde, y no sé por qué siempre me tranquiliza, apago la tele, las luces, me vuelvo a meter entre las sábanas con mis gatas, y voy poco a poco entonándome, hasta que me doy cuenta que soñé algo, o sea, me dormí al menos 5 minutos y ya el cerebro no puede engañarme, he vencido el insomnio, no sueño que estoy depierto, ahora sueño que estoy dormido.
Montecarlo Nights
Diagonal al Parque Central, se encuentra el bar Montecarlo, un after hours como diría un amigo, un tugurio para los puristas, un refugio para los noctámbulos que esperan el amanecer junto a una Imperial.
Se ha vuelto un vicio el ir en las madrugadas, fines de semana o a veces se me cruza un martes o un jueves, y termino con mis huesos sentado en la barra, mirándome en el espejo de los otros, que me miran con la misma fascinación de una animal enjaulado. Nada te prepara para la noche de refugiados, en que simplemente puede no suceder nada, a como de pronto bajan a una muchacha con las muñecas cortadas, mientras el amigo blanco como un papel la carga ensangrentado, y que apenas causa un levantamiento de cejas general. Salen del bar a buscar un taxi a Emergencias, y en la barra todo queda en su sitio. La bartender Maruja me dice:
Qué tonta, cortarse las venas por una mujer, aunque fuera un hombre, igual es una idiotez. Viera cómo dejó el baño de mujeres, rojititico.
En la madrugada van entrando los grupos de gente exiliados de las discotecas y bares tempraneros, con la ilusión de un trago o conseguir un amante para pasar la noche y si te vi no me acuerdo, en el baño jalan coca, pero con precaución, pues te echan si te atrapan, que hasta los antros de perdición tienen sus reglas.
Arriba hay una pista de baile y una barra en forma de ele, hay suficiente espacio para entretenerse viendo a las parejas bailando al son de Julio Jaramillo, hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres y mujeres, sincronizando los pies en una maravillosa maraña que tiene sentido, y luego la salsa, el reguetón, la Trevi con sus tacones altos y la noche de lentejuelas, en los ventanales, se puede ver el parque ocupado por los yonquis y cuando empieza a clarear, se llena de ajetreados oficinistas, enfermeras, amas de casa que se afanan en tomar los buses y te miran de soslayo cuando caminás haciendo eses, hediondo a tabaco y cerveza, pálido y deslumbrado bajo ese sol que viste nacer pero que es implacable con su brillo.
Los compañeros de barra a veces te cuentan cosas tan íntimas, que te da verguenza ajena, cómo se atreven a contar, y luego pasa por la mente que de seguro están tan solos que necesitan hacer la confesión ante un desconocido. Hay gente que llora, otra ríe con carcajadas de oropel, falsa la dentadura y la contentera.
La rockola tira Mariposa de Amor, o Rata Inmunda, o a la Paulina Rubio.
Espejos empañados que reflejan compañía a los solitarios y poder espiar, en sus recovecos plateados, a posibles compañeros de cama sin ser visto. Sórdido lugar, mala fama las 24 horas, Montecarlo el lugar con nombre de puerto caro, y sin mombre es la persona que acompaña a uno al taxi, sin mombre y qué importa.
Se ha vuelto un vicio el ir en las madrugadas, fines de semana o a veces se me cruza un martes o un jueves, y termino con mis huesos sentado en la barra, mirándome en el espejo de los otros, que me miran con la misma fascinación de una animal enjaulado. Nada te prepara para la noche de refugiados, en que simplemente puede no suceder nada, a como de pronto bajan a una muchacha con las muñecas cortadas, mientras el amigo blanco como un papel la carga ensangrentado, y que apenas causa un levantamiento de cejas general. Salen del bar a buscar un taxi a Emergencias, y en la barra todo queda en su sitio. La bartender Maruja me dice:
Qué tonta, cortarse las venas por una mujer, aunque fuera un hombre, igual es una idiotez. Viera cómo dejó el baño de mujeres, rojititico.
En la madrugada van entrando los grupos de gente exiliados de las discotecas y bares tempraneros, con la ilusión de un trago o conseguir un amante para pasar la noche y si te vi no me acuerdo, en el baño jalan coca, pero con precaución, pues te echan si te atrapan, que hasta los antros de perdición tienen sus reglas.
Arriba hay una pista de baile y una barra en forma de ele, hay suficiente espacio para entretenerse viendo a las parejas bailando al son de Julio Jaramillo, hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres y mujeres, sincronizando los pies en una maravillosa maraña que tiene sentido, y luego la salsa, el reguetón, la Trevi con sus tacones altos y la noche de lentejuelas, en los ventanales, se puede ver el parque ocupado por los yonquis y cuando empieza a clarear, se llena de ajetreados oficinistas, enfermeras, amas de casa que se afanan en tomar los buses y te miran de soslayo cuando caminás haciendo eses, hediondo a tabaco y cerveza, pálido y deslumbrado bajo ese sol que viste nacer pero que es implacable con su brillo.
Los compañeros de barra a veces te cuentan cosas tan íntimas, que te da verguenza ajena, cómo se atreven a contar, y luego pasa por la mente que de seguro están tan solos que necesitan hacer la confesión ante un desconocido. Hay gente que llora, otra ríe con carcajadas de oropel, falsa la dentadura y la contentera.
La rockola tira Mariposa de Amor, o Rata Inmunda, o a la Paulina Rubio.
Espejos empañados que reflejan compañía a los solitarios y poder espiar, en sus recovecos plateados, a posibles compañeros de cama sin ser visto. Sórdido lugar, mala fama las 24 horas, Montecarlo el lugar con nombre de puerto caro, y sin mombre es la persona que acompaña a uno al taxi, sin mombre y qué importa.
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